Por qué Rosalía ha marcado un hito imborrable en mi vida

Rosalía, a estas alturas ya conocida por casi todo el mundo, es uno de esos seres humanos que moldea con behemencia la historia de la propia humanidad. Desde mi punto de vista, todos y cada uno de nosotros definimos en mayor o menor medida la contemporaneidad de nuestra propia especie y, por ende, el futuro de la misma y su historia. Sin embargo hay algunos miembros de nuestra especie que influyen más en el camino que estamos recorriendo cada instante. En este caso voy a hablar de arte, y más concretamente de música.

Rosalía, según mi visión de la realidad que me ha tocado vivir, ha marcado ya un hito imborrable en mi vida y en la manera de entender y sentir la música para mucha gente. Creo que cuando miremos desde el futuro los días presentes, será más fácil de ver, la retrospectiva siempre nos da una visión más clara. Rosalía ha cambiado el mundo de la música para siempre.

Música

Si algo me ha motivado a escribir este artículo es, sin duda, la música. Aunque en realidad esto no es cierto del todo, pues no es la música en sí, sino lo que a través de ella ocurre dentro de cada uno, en este caso, dentro de mí.

Me considero un amante de la música, para mí la vida sería completamente diferente sin ella. Estaría incompleta, sería como una vida sin amor, sin sexo o sin naturaleza. La música eleva al ser humano por encima de la banalidad del día a día y es, a mi parecer, la expresión artística más profunda y potente que el ser humano es capaz de crear. No hay nada que se le parezca e incluso el cine, que es otra extraordinaria forma de removerle las tripas a uno, se sirve en la mayoría de ocasiones de la música para dar aún más intensidad a aquello que quiere expresar.

De manera que son las sensaciones que me provoca la música lo que me hace amarla con locura y no poder existir sin ella. Siempre he prescindido de la letra de las canciones. Hay mucha gente que me dice que las letras le dan más riqueza a la música, la hacen más interesante y complementan las emociones. Entiendo ese punto de vista y es un hecho que para mucha gente es así, pero a mí me da igual que una canción hable de amor, de odio, de sexo o del infierno. Las letras de las canciones son literatura, mejor o peor desarrollada, pero para eso ya tengo los libros. La música habla por sí sola y habla en un lenguaje único. Un lenguaje tan basto y aplastante que aderezarla con otros modos de expresión me sobra por completo.

El amor por la música nació en los años 80 y 90. Años en los que el rock marcó mi camino, un camino que luego fue ramificándose en cientos de inesperados senderos. Pero podría decir, simplificando para que se entienda, que mi corazón musical es metalero. Deftones, Entombed, Metallica, Sepultura y muchos más me han hecho vivir y sentir emociones imposibles de producir de otra manera, y a día de hoy, muchos años después, siguen haciéndolo con una intensidad igual o incluso mayor. Esas emociones y esa parte tan importante de mi vida me llevaron a aprender a tocar la guitarra y a tocar en un grupo que me transformó en lo que soy ahora.

Como he dicho, he explorado muchos géneros musicales y disfruto de momentos muy especiales escuchando todo tipo de música. Si me preguntasen cuál es mi grupo favorito de todos los tiempos, hoy en día respondería The Cure, supongo que por las emociones que me provoca. Aunque la lista de grupos que me transportan a lugares increíbles es muy, muy larga.

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Flamenco

El flamenco y yo nunca nos hemos llevado bien. He de admitir, que como guitarrista, siempre he admirado a los artistas flamencos que, a través de sus guitarras, provocan emociones y momentos únicos en todo el espectro musical, pero lo que siempre me ha echado para atrás era la voz. Algunos os preguntaréis que como es posible que la voz flamenca no me entre y la voz de John Tardy, cantante de Obituary sí. Pues no tengo ni idea, simplemente es así.

Incluso viví en Granada durante dos años, una ciudad española en la que el flamenco se respira en cada esquina. Allí conocí mucha gente de toda Andalucía e independientemente de que vistieran cuero y llevasen el pelo largo o que fueran más poperos, a todos ellos les gustaba el flamenco, lo escuchaban y lo vivían. De modo que esos años escuché mucho flamenco y asistí a numerosos espectáculos, tanto en salas de concierto, como en tablaos, bares y casas gitanas en donde todo el mundo comía, bebía, cantaba y bailaba. Pero ni siquiera zambuléndome en ese mundo conseguí vivir el flamenco ni disfrutarlo.

Ha sido hace poco tiempo cuando he empezado a acercarme al flamenco de la mano de Camarón. Y ha sido la primera vez, a mis más de 40 años de existencia cuando algo se ha despertado en mí al escuchar flamenco. En su día, muchos atacaron a Camarón por salirse de la recta línea que el flamenco ortodoxo marcaba cuando, con su disco La leyenda del tiempo, dio un golpe en la mesa innovando en un género que siempre había sido tan sólido como rígido. Los puristas del género dijeron que eso no era flamenco, ya que el disco fusionaba de manera brillante flamenco, jazz y rock, incluso añadiendo un sitar en la última canción del álbum. Hoy en día se considera una obra maestra y un hito en la historia del flamenco. Fue precisamente a través de esa rotura que yo pude entrar en un género que nunca había conseguido hacer mío. Es un disco que me hizo abrir las miras musicales y que me emociona profundamente.

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Pero en general me considero un inculto del flamenco, ya que muy poco sé de su historia, más allá de que surgió como el modo de expresión que el pueblo gitano utilizaba en el siglo XVIII para expresar la opresión y la persecución que su pueblo sufría por parte del pueblo español. Aún con todo, la emoción de su música es más que evidente, le guste a uno o no. El problema que he tenido yo durante años es que no conectaba en absoluto con esas emociones que no me tocaban en absoluto y al no empatizar lo dejaba pasar.

Rosalía

Mi pareja, casi más melómana que yo, me habló de Rosalía hace ya un año. Me puso alguna canción de su primer disco, Los Ángeles pero no hice gran esfuerzo por poner atención ya que en la superficie sólo oía flamenco.

A través de un vídeo de Jaime Altozano, un youtuber al que conocí por hacer un análisis musical sin precedentes de la banda sonora de la trilogía de El Señor de los Anillos, fue cuando puse la atención en Rosalía, la atención que se merecía.

Escuché el vídeo en cuestión y me interesó muchísimo. A raíz del mismo me puse a escuchar sin prejuicios la canción Malamente. Me atrapó y me  movió algo. Seguí con el resto del disco, pero después de tres canciones lo paré. Preferí empezar por el principio y me lanzé a escuchar su primer álbum de estudio Los Ángeles.

Es un disco muy directo. Sólo se escucha guitarra y voz y algunas palmas en pocos de sus temas. Aún con todo, ese minimalismo lo hace tan cercano e íntimo que es imposible escucharlo sin no verte transportado a lugares increíbles. Lo esuché en loop durante días. La voz de Rosalía es más que prodigiosa y no estoy hablando de la técnica, sino del canal que abre entre las emociones más profundas y el exterior de su ser. Su voz es un instrumento que va más allá de producir perfectas notas musicales.

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La guitarra es flamenca, pero a la vez es muy moderna. Como digo, no tengo conocimiento del flamenco, pero vivir en este país me ha hecho tenerlo de fondo durante toda mi vida y puedo decir, sin poder explicarlo muy bien, que esas guitarras no son sólo flamencas. De hecho, reconozco en muchas de sus canciones rifts y acordes que yo mismo he tocado en mi grupo de metal. Es una fusión tan sutil como delicada. Aunque hay canciones, como De Plata, en las que la guitarra flamenca ni asoma. Me parece una guitarra puramente rock.

Pero siendo sinceros ese disco, a pesar de ser brillante, no rompe nada, no cambia las cosas, seguramente haya muchos flamencos de pura cepa que ni siquiera lo consideren flamenco, porque desde el punto de vista técnico no lo es. Pero aún así es una maravilla y recomiendo a todo el mundo que lo escuche más de una vez. Creo que es un disco que si no llega en la primera escucha hay que darle otra oportunidad, porque en su interior encierra placeres tan deliciosos que todo el mundo debería de disfrutarlos.

El Mal Querer

El pasado mes de Noviembre de 2018 vio la luz su segundo disco El Mal Querer, el punto de inflexión entre el mundo de antes y el mundo de ahora. Suena exagerado, pero para mí es así.

El Mal Querer es el producto de fantasía y las emociones de una persona, que junto con otras de enorme talento, ha sabido volcar un universo único en forma de música y mucho más. ¿Es posible crear algo realmente nuevo y original a estas alturas del partido? Después de tantos siglos de música, de grandes y pequeños artistas creando canciones sin parar, usando una y otra vez los mismos instrumentos y las voces humanas, ¿es posible seguir innovando? Por supuesto que sí. Y de eso trata el arte. El arte es la expresión de lo que somos y lo que somos, al igual que el resto de las cosas que existen, no deja de cambiar y evolucionar. Entonces, ¿cómo no se va a innovar en el arte? La creatividad es inagotable. Y Rosalía lo sabe mejor que nadie.

Creo que las etiquetas, como en tantas otras ocasiones, en este caso sobran. Tratar de definir qué tipo de música se encuentra en el disco o cuál no se encuentra es, simplemente, una pérdida de tiempo que no conduce a nada. Lo único que podríamos provocar al tratar de clasificarlo es provocar esos pegajosos prejuicios que tanto censuran.

El Mal Querer es absolutamente hipnótico, te agarra del cuello y te arrastra irremediablemente a un mundo que hasta ahora, había estado tan oculto para mí que directamente no existía. Este disco es un nuevo universo que se ha abierto ante mí y del que no quiero desprenderme nunca. Las emociones y los sueños que se despiertan en mí al escuchar una y otra vez este disco los quiero para siempre, y no los soltaré jamás. Ahora forman parte de esa mochila insaciable de arte que siempre llevo conmigo.

Y tras casi 1.900 palabras llego a este punto para decir que no se puede expresar con palabras lo que la música puede provocar con un chasquido de dedos. Lo único que puedo decir para terminar con este artículo es invitaros a que escuchéis a Rosalía, con tranquilidad, sin prisas y si expectativas. Poniendo toda vuestra atención en lo que cada segundo de la música que Rosalía ha creado para todos nosotros tenga que deciros.

Viva la música.

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