Nuevo Mundo | Día 8

Nunca hubiera imaginado que tomar un baño pudiera ser algo tan placentero y reconfortante. La mayoría de las veces pasamos por alto los placeres de nuestro día a día, ya que nuestra vida es demasiado cómoda y no nos falta nada, pero cuando todo o algo de esto falla, entonces uno percibe los pequeños detalles de forma muy diferente. Aún tengo los dedos arrugados y la tensión por los suelos. He estado a punto de desvanecerme varias veces, el agua estaba demasiado caliente y yo demasiado cansado, la combinación perfecta para una dulce muerte.

Muerte, muerte, muerte, muerte, muerte, muerte.

La muerte viene a mi mente una y otra vez, incluso ahora, que acabo de vivir uno de los momentos más placenteros de los últimos días, en lugar de dejarme llevar por las buenas sensaciones la aniquilación sigue siendo una de las ideas más poderosas de cuantas me acompañan. Quizás habría sido la mejor forma de acabar con esta situación. Unas pastillas o unos cortes en las muñecas mientras experimento un último orgasmo inmerso en el agua caliente y después… nada más, la no existencia, el cese de todo sufrimiento, de todo pensamiento y de toda emoción. Fin del viaje. No tiene sentido intentar prolongar una vida así.

Sin embargo, esto sólo son ideas que burbujean en mi mente, yo no soy capaz de hacer algo así, pesar de que mi vida desde hace ya ocho días es un infierno difícil de encajar. Me pregunto por qué prefiero seguir sufriendo en lugar de acabar con todo de la manera más dulce y sosegada posible. Quizás porque esta no es mi casa, quizá porque me siento tan perdido aquí como en cualquier otro sitio y no tengo ganas de morir perdido. Quiero morir desde la tranquilidad y mi espíritu, mi ser, o como quieras llamarlo, querido lector imaginario, no está tranquilo en absoluto, me falta la paz necesaria para poder tener la muerte que creo que merezco.

Curiosa paradoja: necesito paz para poder morir, y sin embargo desde hace días todos mis esfuerzos y todas mis energías están puestas al servicio de encontrar la paz que he perdido, pero no una paz para morir, sino una paz para vivir. Si consigo alcanzar esa paz, ¿me serviré de ella para seguir viviendo o para poner fin a mi existencia?. Quiero llegar al final del túnel, ver qué es lo que está pasando y poner las cosas en su lugar, volver a encontrar mi sitio y seguir mi vida. Quizás sea esa necesidad la que no me permite terminar con todo ahora mismo. Aunque algo me grita constantemente que nada volverá a ser lo mismo, nunca más. La esperanza no es el motor de la vida que muchos proclaman, la esperanza es la zanahoria tras la que el burro camina sin conocer la verdad.

Me cuesta mantenerme despierto, seguramente este último día de caminata y el baño del que acabo de salir sean los culpables. Llegar hasta aquí ha sido muy duro y salvo caminar, no he hecho mucho más.

Cuando dejé los campos tras mis pasos ya era de noche, pero el barrio en el que me encontraba estaba demasiado lejos de mi casa. Entré en varios coches, pero no fui capaz de poner ninguno en marcha de modo que decidí allanar una casa en el último piso de un edificio para pasar la noche. No me sentí con fuerzas suficientes como para caminar hasta mi casa, seguramente habrían sido un par de horas más, y siendo de noche lo tuve claro. Me siento más seguro refugiándome en las alturas, de alguna manera no me da confianza dormir cerca de la calle, así que el esfuerzo de subir tantos escalones creo que siempre merece la pena. Sé que no tiene mucha lógica, pero ¿qué lo tiene? Mañana por la mañana volveré a casa sin prisas y a plena luz del día. Quizás no entiendas por qué no camino un par de horas más en lugar de entrar en una casa ajena. Vuelvo a hablarte como si fueras alguien que me está leyendo, como si esto fuera un chat o algo parecido. Voy a tener que ponerte un nombre. Aunque ahora que lo pienso no sé si pienso en ti como hombre o como mujer. Quizás no sea cuestión de género, sino que simplemente eres una persona, eso que tanto he infravalorado en el pasado y que anhelo tanto últimamente. Una persona con quien comunicarme y con quien compartir mis sentimientos. El caso es que no quiero ir de noche porque estoy muerto de miedo. Ese silencio que está por todas partes, esa quietud, esa ausencia de brisa en el ambiente, puede conmigo. Me pone los pelos de punta, me hiela la espalda, me aterra. Sin luz esto es demasiado para mí, sería tan aterrador como salir la espacio exterior sólo con un traje espacial.

Desde la calle legí un bloque de edificios que tuviera balcones con separadores no muy altos. No quería pasar la noche en un piso con la puerta reventada, así que destrocé la puerta del piso de al lado para entrar, y luego entré en el que me encuentro ahora a través del balcón. No me costó nada pasar de un piso a otro y luego rompí el cristal. Prefiero dormir con un cristal roto que con la puerta principal abierta. Incluso en mitad del apocalipsis sigo teniendo mis paranoias en cuanto a la seguridad se refiere. Es por eso que coloqué una pesada estantería que había en el salón taponando el cristal roto. Entonces me sentí lo suficientemente seguro como para estar aquí y poder tomar un baño e incluso poder dormir sin demasiados despertares. La comida no ha sido un problema, el supermercado al que entré antes de venir aquí estaba tan lleno de comida como vacío de gente.

Quizá sea una pregunta un tanto estúpida, pero ¿como es posible que en una ciudad sin gente haya agua caliente en las casas? De alguna manera esperaba que la respuesta apareciese como por arte de magia en algún lugar de la página de la libreta. Supongo que es absurdo buscar explicaciones y sentidos en mi situación, pero no puedo evitarlo. ¿Dónde está la gente? ¿Por qué todo está en perfecto estado, funcionando como si nada? Creo que podrían pasar cien años y me seguiría haciendo las mismas preguntas cada día. No puedo soportar esta ausencia de explicaciones. Un viejo amigo me diría que el mundo en el que vivía antes tenía los mismos misterios, era un mundo del que no podíamos explicar apenas nada y sin embargo vivíamos sin darle importancia a ese hecho, sin sufrir por ello. Yo le respondería que los misterios que me rodean ahora son más numerosos y desconcertantes: La desaparición de la gente, las fibras azules. Las fibras azules… Joder.

El día ha sido muy largo. Largo y monótono. He vuelto a caminar cerca de la carretera, sin perderla de vista. El entono ha permanecido estático como los días anteriores. Ningún movimiento, ningún sonido, ni un soplo de viento, nada. Esto me hace sentir tan extraño… Tengo la sensación de que no pertenezco a este mundo, aunque puede que confunda creer con desear. ¿Cuál es mi papel ahora? Es curioso pensar que antes tampoco sabía cual era mi función o mi lugar y sin embargo en esta nueva realidad esas cuestiones tienen mucho más peso que antes. ¿Por qué me complico tanto la existencia? ¿Acaso no es todo suficientemente difícil como para enredarme aún más en pensamientos que sólo traen dolor y sufrimiento?

Acabo de recordar algo en lo que he estado pensando durante la caminata: no es del todo cierto que todo esté congelado o permanezca inmóvil. Hay algo que sigue moviéndose como lo hacía antes. El sol, la luna y las estrellas. También las nubes. Todas esas cosas siguen moviéndose como antaño y la verdad es que me alegro de ello. Si el firmamento fuera una estampa estática seguramente ahora mismo mi cuerpo flotaría inerte en la bañera.Ningún movimiento, nig estaba taha permanactera, sin perderla de vista. Todo segume seguir en mi situaciue he visitado estaba ta Pero no consigo olvidar ese cielo rojo que brillaba sobre mi cabeza cuando tuve el accidente con el coche. Cielo rojo y fibras azules ¿Acaso no me he vuelto loco ya? ¿Y si todo esto es un delirio de mi mente hecha migajas mientras trato de zafarme de las correas de mi camisa de fuerza?

Aurora, te llamaré Aurora. Me acaba de venir a la cabeza, así, de repente, como un fogonazo. Es un nombre que no me gusta nada, de hecho mi hermano tenía una profesora que se llamaba así y que le hizo la vida imposible, aún resuena ese nombre en mi cabeza como fuente del mal. Parece ser que todo lo que nace en mi mente en estos días viene teñido de negro. Pero qué diablos, que así sea. Aurora… ¿cuándo terminará todo esto?

Me debato entre la muerte y la locura, y aún así sigo escribiendo este estúpido diario. Una libreta que está claro que nunca leerá nadie. No es nada personal, Aurora. De alguna manera es como si tú lo estuvieras leyendo mientras escribo, pero sé que nadie más lo leerá jamás, porque no hay nadie que pueda hacerlo, la ecuación se resuelve sola. Cuando muera, sea cuando sea, ¿quién habrá aquí para leer lo que he escrito? Todo lo que está pasando ahora dará igual y se disolverá en el tiempo. Aún así aquí estoy, escribiendo a pesar del cansancio y del sueño. Sigo hablándote a ti, que ni te conozco ni existes. Eres sólo producto de mi imaginación, una Aurora imaginaria a quien le revelo todos mis secretos. Seguramente tú seas yo, me escribo mientras me leo en un bucle perverso que no hace más que confundirme. Pero qué más da. ¿Acaso hay algo en mi presente que no me confunda? Mi realidad y mi verdad son una densa niebla que me empapa por dentro y por fuera. En realidad, todo da igual.

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