Nuestras vidas penden de un hilo.

Estamos acostumbrados a levantarnos cada mañana, abrir los ojos y retomar nuestras tareas diarias, ya sean rutinarias o no. Pero sea como sea nuestra vida, estamos tan acostumbrados a ella que apenas reparamos en la enorme cantidad de circunstancias que la hacen posible. Y no hablo de las cuestiones más básicas como comer, beber, tener buena salud, llevar una vida lo más sana posible y ese tipo de cosas, sino de lo más importante y a la la vez, lo más olvidado. Puede que incluso algunas de ellas sean completamente desconocidas por la mayoría de las personas.

En general, vamos por la vida pensando en nuestras cosas, tanto en los deberes como en los placeres. En aquello que tenemos que hacer en las próximas horas, días, semanas… Y vamos avanzando en el tiempo como si de una carrera se tratase, a toda prisa, sin mirar atrás.. Esto nos hace olvidar cuestiones tan importantes como el hecho de que somos uno de los muchísimos animales que habitan este mundo. Y que, como el resto de ellos, dependemos de la naturaleza para subsistir. A veces olvidamos que vivimos en un planeta, girando por el vacío del espacio alrededor de una estrella a la que llamamos Sol.

Tanto la Tierra como el resto de planetas que giran en nuestro sistema solar lo hacen de una manera determinada. Cada uno tarda un determinado tiempo tanto en realizar una rotación alrededor de su eje, como en completar una vuelta alrededor del sol. Unos lo hacen más rápido y otros lo hacen más despacio. Además, cada uno se sitúa a una distancia determinada con respecto al Sol. Todo esto es debido al intrincado y complejo sistema gravitatorio que todos y cada uno de los elementos que conforman el sistema solar generan a su alrededor. Un campo gravitatorio que hace que todo sea tal y como es. Si cualquiera de los cuerpos del sistema solar variase lo más mínimo su masa, su tamaño, su velocidad o su distancia con respecto al resto de sus vecinos, el campo gravitatorio global variaría notablemente, provocando los cambios más inimaginables en cada uno de sus mundos.

Lógicamente habrían muchos lugares en los que estos cambios no serían importantes, como en Mercurio o Venus, planetas compuestos de dura roca en cuya superficie sólo reina la muerte. O en Marte o incluso nuestra luna, desprovista de atmósfera y cubierta de un manto de polvo gris. ¿Pero qué sería de la Tierra?

El ecosistema de la Tierra es tan complejo como delicado. Cualquier variación en el sistema del que forma parte sería catastrófico. Si Júpiter variase ligeramente su distancia al Sol todos los demás planetas y lunas se verían arrastradas por los cambios de su campo gravitatorio, el equilibrio se vería alterado y todo tendría que ajustarse para volver a alcanzar un nuevo equilibrio. Ese nuevo equilibrio podría conllevar temperaturas en la Tierra de más de 500 grados centígrados, o puede que fuera al contrario y sumiese a la Tierra en la era glacial más dura que jamás haya conocido.

Pero estamos hablando de grandes cambios, mover un planeta de su órbita o variar tu tamaño o su masa. Veamos ahora lo que ocurriría si variasen características aparentemente más sutiles. ¿Y si el día en lugar de durar 24 horas durase el doble, 48? Algunos pensaréis ¡eso sería maravilloso! tendría mucho más tiempo para hacer todo aquello que no me da tiempo a hacer en un día normal. Quizás sea cierto, pero quizá olvidas que al iluminar el Sol el doble de tiempo la parte de la Tierra en la que es de día y permanecer la parte nocturna el doble también, los cambios de temperatura entre día y noche serían enormes. Habría zonas en las que los días alcanzarían temperaturas de más de 100 grados mientras sus noches llegarían a bajar de los -50 grados centígrados. Además, al girar más despacio, la fuerza centrífuga sería menor y los mares bajarían varios metros en las zonas del ecuador y subirían otros tantos en las zonas de los polos. Esto provocaría la inundación de miles de ciudades de todo el mundo causando una ingente cantidad de muertes.

¿Y si no existiese la Luna, o y si existiera, pero fuera más pequeña o más grande? Eso acabaría en un instante con toda la vida de la Tierra. La Luna tiene un efecto tan grande en la Tierra que tal y como está es decisiva para que la vida pueda existir. Puede decirse que el azar de la naturaleza y de que la Luna esté donde está y sea tal y como es, marca la diferencia entre la vida y la muerte.

¿Y si el núcleo de la Tierra, formado por un mar de magma dejase de girar? Algunos pensaréis que no nos enteraríamos, ya que lo que ocurre en el interior de la Tierra no nos afecta lo más mínimo. Nada más lejos de la realidad. El constante giro del flujo de núcleo terrestre es el responsable de que la Tierra cuente con un enorme campo magnético. El campo magnético no sólo nos ofrece el maravilloso espectáculo de las auroras boreales sino que hace de escudo y nos protege de toda la radiación que nuestro querido Sol emite cada instante. Sin esa protección seríamos víctimas de la mayor lluvia radiactiva de la historia y las mutaciones y el cáncer acabarían con todos nosotros.

Como veis, la vida en la Tierra es casi un milagro. Depende de la combinación de millones de situaciones y características que escapan completamente a nuestro alcance. La vida podría desaparecer en un segundo y ni siquiera nos daría tiempo a entender qué ha pasado.

Así que os invito a vivirla intensamente como si cada segundo fuera el último. Es un regalo que tenemos la suerte de haber recibido. ¡Aprovéchalo!

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